Una aventura que nos lleva a las raíces de Don Bosco.
Del 31 de julio al 8 de agosto, un grupo de animadores de nuestra Casa Salesiana —Joaquín Portillo, Águila Rodríguez, Cloti Merino, Juan Bocanegra, Candela Gallego, José Díaz y Marta Téllez— ha tenido la oportunidad de participar en el Campobosco Nacional, acompañados por Isidoro Villalba, Salesiano Cooperador de nuestra casa.
Han sido días intensos, llenos de encuentros, convivencia, oración, alegría y, sobre todo, de una profunda experiencia de fe que nos ha permitido volver a las raíces de la obra salesiana y acercarnos de una manera especial a la historia y al carisma de Don Bosco.
El Campobosco ha sido mucho más que un viaje. Ha sido un camino para descubrir, experimentar y renovar una vocación. Un camino que nos ha llevado a conocer los lugares donde nació y creció el sueño de Don Bosco, pero también a descubrir que aquel sueño continúa vivo hoy en cada joven, en cada animador y en cada Casa Salesiana.
A lo largo de estos días hemos podido acercarnos a los orígenes de la obra salesiana, descubriendo que todo comenzó con una mirada puesta en los jóvenes y con la certeza de que la educación, la fe y la alegría podían transformar sus vidas. Desde los primeros pasos de Don Bosco hasta la expansión de la congregación, hemos recorrido una historia que sigue hablando al corazón.
Y si algo ha marcado especialmente esta experiencia ha sido precisamente la alegría. Una alegría compartida entre jóvenes procedentes de diferentes Casas Salesianas de toda España y Portugal que durante estos días hemos sido capaces de convertirnos en una misma familia. Cantos, juegos, risas, conversaciones, celebraciones, momentos de oración y muchas experiencias compartidas han ido construyendo una convivencia difícil de explicar con palabras.
Porque el carisma salesiano se entiende también así, en la alegría que se contagia, en la amistad que nace, en la convivencia que une y en la felicidad que se comparte.
Hemos descubierto que ser salesiano no consiste únicamente en conocer una historia, sino en hacerla presente. En salir al encuentro de los jóvenes. En acompañarlos. En creer en ellos. En crear espacios donde puedan sentirse queridos, escuchados y felices. En definitiva, en continuar haciendo realidad aquel sueño que comenzó con Don Bosco.
Este Campobosco también nos ha permitido mirar nuestra propia realidad con nuevos ojos. Volvemos a casa con el corazón lleno de nombres, rostros, canciones, experiencias y momentos que permanecerán en nuestra memoria, pero también con una responsabilidad renovada, seguir siendo testigos del carisma salesiano allí donde estamos siguiendo las huellas de quienes nos precedieron, como diría el lema del encuentro.
Después de estos días, volvemos diferentes. Quizás con más preguntas, pero también con más ilusión; con más ganas de servir, de acompañar y de seguir construyendo comunidad.
Porque cuando uno descubre de dónde viene una obra, comprende mejor hacia dónde está llamado a caminar.
Y nosotros volvemos con una certeza, el sueño de Don Bosco sigue vivo.
Sigue vivo en cada joven que busca su lugar en el mundo.
Sigue vivo en cada animador que entrega su tiempo y su corazón.
Sigue vivo en cada comunidad que apuesta por la educación y la fe.
Y sigue vivo en cada Casa Salesiana que, desde la alegría, continúa haciendo de sus patios un lugar de encuentro y de esperanza.
Gracias, Campobosco, por recordarnos nuestras raíces.
Gracias por hacernos familia.
Gracias por devolvernos a casa con el corazón encendido.
Ahora toca seguir caminando.
¡Hasta el próximo Campobosco!
¡Y que Don Bosco siga soñando con nosotros!



